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¡Hagan juegos!



Desde los primeros meses de los bebés observamos el disfrute que sienten antes los movimientos de manos o de pies, y desde que se ha reconocido como factor importante en los aprendizajes básicos, se han generalizado los juguetes que lo estimulen al juego. Así reconocen sonidos, movimientos, sabores, gestos, olores y objetos. Empiezan a reconocer lo que les rodea. Al cumplir 2 o 3 años, lo que les rodea se amplía a otros espacios más grandes, con más personas y objetos que les permiten la autonomía motórica, y con ella la posibilidad de escoger o usar juguetes sencillos con los que explorar el espacio y a sus habitantes.  El contacto con sus iguales les permite reconocer su esquema corporal y sus capacidades.
            Del juego sensorial al motórico, y de éste al simbólico, en el que reproducen las actividades y costumbres del entorno que le rodea, su familia u otras actividades como ir al médico o las clases. El juego simbólico les permite entender mejor las relaciones familiares y van colocando en el lugar que perciben a las personas con las que se relacionan.
            A partir de este tipo de juego los niños y niñas pueden jugar solos pero buscan el pequeño grupo y la competición. Son juegos con reglas, motorícos o de mesa. Jugamos para quedar en una buena posición, jugamos en equipos, jugamos para ganar. De todos estos juegos se aprenden conceptos, la rapidez, la coordinación, el entendimiento, el compañerismo y crea el sentimiento de la amistad.
            Desde hace más de una década, los juegos desde los más pequeños a los adolescentes han variado, ha entrado a formar parte de la familia el juguete digital que nos convierte en mirones de una pantalla. También se aprende, pero el aprendizaje no tiene que ver con lo que nos rodea sino con la fantasía creada por otros.
¿Se puede volver a juegos que tienen que ver con la manera de socializarnos?

Invitado: Javier Medina, psicopedagogo y técnico de Bosco Global
            “Tenemos en marcha un proyecto que se está realizando en distintas instituciones educativas, no solo en centros escolares sino en otros centros de internamiento de menores, con ayuntamientos y con algunas asociaciones.
            La idea del proyecto es por un lado fomentar que el juego sea un elemento de aprendizaje, y por otro que sea un elemento social y de colaboración. La característica más significativa que tiene el proyecto es que por un lado están los centros makers (constructores) que son chicos y chicas desde sexto de Primaria y algunos grupos de Secundaria que están construyendo juegos que son juegos de mesa, de cartas o de tablero y otros centros que son los gamers (jugadores) que van a poner en práctica estos juegos.
            Este proyecto se centra en que a través de estos juegos trabajen la conciencia social, equidad de género, sostenibilidad medioambiental o los derechos humanos, hay mecánicas colaborativas que no siempre es competitiva, por ejemplo el Janabi, en el que se juega con las cartas de los demás.
            Los makers son mayores de doce años porque para hacer un juego que tenga un contenido de fondo, primero tienen que haber trabajado, por ejemplo los derechos humanos. Pero algunos están haciendo juegos para niños de menos edad, por ejemplo de tercero de Primaria.
            Los coordinadores de estos makers es un grupo de profesorado que estaban interesado en este proyecto tuvieron una formación de elementos de gamificación con una asociación que se llama Mentes Exagonadas y son especialistas en juegos”. (J. Medina) 

El juego también tiene que ser divertido, si no, no es un juego.

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