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HISTORIAS DE LA EDUCACIÓN (1)


 
          

Puerta Abierta quiere aprovechar los contactos con gente de mayor edad para que nos dejen constancia de cómo fue la educación que recibieron, como eran las escuelas y sus docentes.
            Los docentes que la impartían podían tener más o menos formación pedagógica y las escuelas mejores o peores condiciones, pero lo que si supuso una determinante forma de enseñar fueron las circunstancias sociales de la época a la que hoy nos referiremos.
            A pesar de que la Carta Magna republicana del año 31 había intentado evitar que las Órdenes religiosas impartieran la enseñanza, la huida y el asesinato de muchos maestros y maestras en la Guerra Civil habían dejado sin cubrir muchos colegios. Las Órdenes religiosas siguieron impartiendo clases y un gran número de españoles y españolas de aquellos años se educaron en estos centros.
            Recién acabada la contienda, en los años 40 del siglo XX, la pobreza se extendía por toda España, pero se hacía aún más dura en los pueblos pequeños. En esta situación la escuela no solo era un lugar para aprender sino que también se convertía en el lugar donde se olvidaban las penurias de la familia.  Esta circunstancia se aumentaba en los centros educativos dirigidos por Órdenes Religiosas debido a algunos  detalles les hacían diferentes a los colegíos públicos, por ejemplo: El uso de uniforme igualando a todos externamente, aunque en algunas órdenes los de el alumnado rico era diferente al resto. La participación dentro del colegio en los actos religiosos que unificaban creencias. El recurso de cantar canciones religiosas o patrióticas que producían la sensación de grupo. Las celebraciones de festividades religiosas en las que siempre se podía comer algún extra.
Estos detalles, que parecen sin importancia, creaba un mundo alrededor de la infancia que les hacía borrar la realidad social en la que vivían.
            Nuestras invitadas de hoy Rafaela Modesto y Mari Carmen Cuadrado son de Nerva, un pueblecito onubense, y fueron al colegio Virgen Milagrosa que regentaban la Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul en Nerva.
            Su pueblo, como en todas partes, tenía dos escuelas una para niños y otra para niñas, con la particularidad de que la de niños era de creación protestante aunque también daban clases a los niños que no lo fueran. Su población trabajaba fundamentalmente en las Minas de Rio Tinto en la que había una importante población inglesa relacionada con la dirección de las minas.
            Escuchando los recuerdos de nuestras invitadas, a los oyentes que tengan sobre los 70 años, seguramente les vendrá a la memoria como fueron sus años escolares.
R. M. –“Recuerdo que llevábamos un uniforme azul y luego una bata blanca que le decíamos babi. Hacíamos unas labores muy bonitas una vez a la semana. También recuerdo que me dieron un premio por hacer el mapa entero y me dieron de premio unos cubiertos de plástico de esos chiquititos. También recuerdo cuando nos llevaban a hacer la gimnasia por detrás del mercado, e íbamos cantando el “cara el sol” con el brazo levantado. Abríamos las piernas, saltábamos, hacíamos flexiones con los brazos… lo normal”.
M.C. C.  –“Recuerdo que, como en aquellos tiempos en los colegios no había calefacción, nuestros padres en una latita de sardinas que les ponían un asa de alambre para poder cogerla, nos echaban un poquito de brasero del día antes, nos lo dejaban tapadito y nos lo llevábamos porque hacía mucho frío en las clases”.
            La naturaleza siempre estaba muy a mano en los pueblos pero en el caso de nuestras invitadas de hoy, tenían el extra de salir de vez en cuando de excursión al merendero para pasar el día. Era un día feliz.
R.M. –“De vez en cuando íbamos de excursión al merendero que le llamábamos “el peral” que tenía una mesa y bancos y allí nos llevaban cogidas de las manos, todas cantando para pasar el día”.  
MC.C. –“Nuestra madre nos preparaba un poco de pan y lo pasábamos muy bien, nosotras estábamos contentísimas de ir ese día de excursión.
“Cuando hacíamos la comunión las monjas nos preparaban el patio del colegio y nos daban chocolate con churros”
R. M. –“El mes de Mayo era muy bonito porque le hacíamos la novena a la Virgen Milagrosa y le decíamos unos versos muy bonitos por ejemplo:
Como soy tan pequeñita y tengo tan poquita voz,
no  me olvido de decirte ¡Viva la madre de Dios!
Y luego hacíamos unos diálogos entre dos o tres, que escribían las monjas y nos lo estudiábamos y era precioso”.
            La otra cosa que refieren es que tenían que hacer lecturas sobre los libros sagrados, mientras que las monjas comían en el patio.
            Al igual que en los conventos en los refectorios las monjas y monjes comían sin hablar unos con otros, sino escuchando las lecturas sacadas de la Biblia o de la vida de santos. En este colegio también una alumna cada día era seleccionada para leer una lectura mientras que comían.
            Otro de los aspectos que nos han contado es también muy característico de las escuelas de los años 40 y algunos más adelante y se refieren a los métodos que tenían los docentes para guardar el orden.
            Hoy está totalmente desfasado proporcionar un castigo físico  a los alumnos y sería denunciable, pero aquellos que lo sufrieron hace 50 o 60 años no pensaban que era demasiado, sino que se podía aguantar. Por ejemplo: el castigo de estar de rodillas durante mucho tiempo tenía dos grados más, dependiendo del grado del enfado de la maestra o el maestro. Podía ser solo de rodillas, de rodillas con los brazos en cruz, o de rodillas con los brazos en cruz aguantando 1, 2 o 3 libros. En ese grado los compañeros también se compadecían.
R. M. –“A algunas nos ponían de rodillas, con los brazos en cruz y los libros en las manos aguantando hasta que ella quería, ahí no se podía hablar. Los padres si se enteraban decían: pues no te habrás portado bien”.
            Otro de los castigos significativos era el de alejar a la alumna de las primeras posiciones, de la cercanía a la profesora, que aunque no era un castigo físico, si lo era emocional. Se sentía relegada, aunque como nos cuenta Rafaela también tenía sus ventajas: ¡se podía copiar!
            MC. C. –“A mí me han castigado muchas veces, de rodillas o si estaba en la primera mesa, me ponían en la última”.
            Otra forma más breve de castigar nos cuentan Mari Carmen y Rafaela era el golpear en las manos con una regla de madera, que también se llamaba la palmeta, con su vertiente plus, que era golpear en los nudillos de las manos.
            Sin embargo, estos castigos no constituían para los niños y niñas algo muy especial sino tolerable incluso para los padres que lo aceptaban con completa confianza en los profesores.
            Acerca de qué era lo que estudiaban los recuerdos les llevan hasta la Enciclopedia Elemental, pero no si era de Alvarez o de Martí Alpera, las dos más populares en aquellos años.
            Casi todos los saberes estaban contenidos en unos libritos de diferente grosor, dependiendo del grado, era la Enciclopedia. Allí se estudiaba Historia de España, Geografía, Lengua Española, Aritmética, Geometría, Ciencias Naturales, Religión y Formación Política. Se tenían que aprender las preguntas y las respuestas de memoria, porque había que contestar con las mismas palabras que pusiera el libro.
            R.M. –“Nos ponían las lecciones de memoria y nos las teníamos que aprender de memoria. Mi padre cuando se levantaba para el trabajo a las seis, me llamaba y me ponía a estudiar y había que darla al dedillo”.
            Esta enciclopedia (Elemental, Medio ó Superior) se repetía varias veces, si había tiempo, porque los alumnos podían estar en el mismo nivel uno o dos años; por eso muchas personas mayores, hoy todavía son capaces de recordar los ríos de España, la historia de Viriato, o las clases de triángulos por ejemplo.
            Estos y muchos recuerdos más quedan resumidos en sus valoraciones:
R. M. – “Yo no tengo mal recuerdo del colegio”.
MC. C. –“A mí me gustaba ir al colegio y lo hemos pasado bien en el colegio”.

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