De forma general y desde hace muchos años ha sido considerado que desde
Despeñaperros para abajo, los andaluces y andaluzas hablamos mal. ¿Quiénes
lo dicen? ¿Los del norte? ¿O los del sur? Y cuáles son esas
diferencias que notamos?
De la misma forma, esa peculiaridad
del habla andaluza suele ser sinónimo de graciosa, para el resto del país. ¿En
qué estriba el sentido de lo gracioso? ¿Lo espontáneo, lo familiar, lo breve?
El habla es una seña de identidad de
un pueblo o agrupación de personas que tiene que ver con un tipo de vivencias
ancestrales que se van transmitiendo y, a la vez, con el tiempo, se van
modificando. El habla de una región forma parte de su cultura y para valorarla se
hace necesario conocer esos vocablos y
sonidos que la identifican y la hacen reconocible.
Podríamos hablar de cualquier región
española y encontraríamos las diferencias, o podríamos hablar del andaluz como
algo genérico, aunque de Despeñaperros para arriba puedan considerar que
se habla igual, la región andaluza es muy extensa y da lugar a variaciones
desde un extremo al otro.
Esta
tarde vamos a centrarnos en un grupo más reducido: el andaluz que se habla en
Sevilla. ¿Qué sonidos son los que lo caracterizan?
Este es el objeto de estudio por parte de un
grupo de Departamento de Lengua Española y Lingüística que la US.
Invitada:
Juana Santana Marrero. Juana es Profesora Titular del
Departamento de Lengua Española, Lingüística y Teoría de
la Literatura de la US.
Es Responsable del grupo de investigación: Sociolingüística Andaluza: Estudio Sociolingüístico del Habla de Sevilla desde el año 2013.
“La sociolingüística es la conexión entre el uso de la lengua y los rasgos
sociales de los hablantes. No hablamos de la misma manera o la forma de hablar
que nos identifica varía dependiendo de los parámetros que utilizamos habitualmente en sociolingüística para medir su variación que son el sexo, la edad, el nivel educativo de los hablantes. En nuestras investigaciones nos ocupamos, por un lado, de estudiar en qué medida la
forma de hablar está relacionada con esos parámetros sociales y, por otro lado, también hay
otra rama que estudia las creencias y las actitudes, es decir, cómo valoramos un hecho lingüístico
o cómo valoramos una forma de hablar y en qué medida esa opinión está
condicionada por los rasgos sociales del hablante.
Desde un punto de vista estrictamente lingüístico, ninguna forma de hablar
es mejor que otra. Son formas distintas de comunicarse, pero eso no entraña una
distinta valoración. Somos seres humanos y la lengua es la principal herramienta
con la que nos comunicamos a diario. Por eso no es de extrañar que se generen
creencias e impresiones subjetivas y es habitual que por criterios extralingüísticos, como por ejemplo el uso que se le da a una variedad dialectal en situaciones más o menos formales, o si tiene una trayectoria histórica mas o menos relevante asociadas a gobiernos
o a personalidades de poder, que hacen que se vaya generando la idea de que una
forma de hablar es mejor que otra pero en el fondo son soluciones diferentes para decir lo mismo dentro de una lengua.
El prestigio lingüístico y eso tiene que
ver con la trayectoria o la consideración, por factores extralingüísticos, que
tiene una forma de hablar” (J. Santana)
